domingo, 8 de abril de 2012

A vivir


En la oscuridad de la noche, en la oscuridad de los días;
veo y siento pasar los segundos, los minutos de la vida.
Sonriendo cuando hay que sonreír. Cantando cuando se ha de cantar.
Imaginando que esta vida de apariencias algún día terminará.
En aquellos minutos cuando por fin logro cerrar los ojos,
mi subconsciente conecta con proyecciones tuyas,
en una vida a la que llamamos "sueños".
En ellos, puedo percibir tu aroma y escuchar tu voz.
En ellos, platicamos de cosas que no digo a nadie.
Te hago las preguntas que ha nadie pregunto.
¿Por qué sigo aquí?
¿Cuál es la misión que he de cumplir?
¿Cumpliste tú con la tuya?
¿Por qué me dejaste aquí?
Con mirada al suelo y voz apagada, 
a veces me susurras algo que no logro distinguir.
Al final, me quedo con mis preguntas sin respuestas.
Y entonces debo despertar... todos los días... a una hora en la que debería dormir.
Anhelando dormir para soñarte de nuevo.
Anhelando morir para estar junto a ti.
Pero me pongo los zapatos y camino de nuevo,
Hacia esa vida que no quiero vivir…, a vivir.
Ayauhtli Yetlanezi

lunes, 24 de octubre de 2011


La hoja y el Viento

La hoja

Te admiro viento, por tus facetas y tu temperamento, por tu fuerza y entusiasmo, por el arte y caos que dejas a tu paso. Aquí, atada al suelo, te observo envidiando tu libertad, tus bailes creativos, tu música incesante, escuchando los susurros y sintiendo las caricias que me ofreces, cuando en forma de brisa me recorres y me haces estremecer. Sueño con el día en el que en mi último aliento, con tu leve rose me hagas probar de la libertad, volar en tu abrazo y dejar de ser parte de un todo, para ser única y descansar.

El viento

Soy el viento, libre y sin ataduras.

Mi nombre despierta la sonrisa, el llanto, el frío, el abrazo que precede al amor... En mi trayecto voy dejando tristezas, aromas, historias, canciones y secretos; mensajes liberados por los que viven atados al suelo y me los confían; mensajes que cuento y que solo aquellos que quieren, los pueden escuchar.

Conozco la lengua del hombre, del ave, del insecto, de cualquier ser al que pueda rodear, sé que algunos me temen y otros me tienen respeto, y muchos otros me buscan para jugar. Pocas veces me aburro es cierto, recorro el mundo, canto, juego, y siempre hay algo que conocer; más el precio de ser viento es tan alto que solo quien lo conoce sabe que ser viento puede doler.

Yo puedo crear nuevas formas en dunas, piedras y cerros a capricho de mi humor, crear olas o levantar mares; susurrar tu nombre o acallar tu voz. Soy viento y en respuesta a tu envidia y a tus anhelos de plena libertad, te diré lo que a todos contesto y que a nadie le ha de gustar: el costo de todo esto, el precio que se ha de pagar, el precio de ser viento… es la soledad.

Macuilli Cuautli


miércoles, 16 de junio de 2010

Hablandole al reflejo


¿Quién eres tú?
Tu mirada me recuerda el vacío y el dolor.
La pérdida innegable de un pedazo del alma.
El trabajo duro y agobiante de toda una jornada.
La infancia infeliz, los golpes de la vida, el corazón con cicatrices sobrepuestas...
Tu mirada me recuerda ... la soledad.

¿Qué haces aquí? Te presentas ante mí todos los días.
Con tristezas cuándo rio, confortándome cuándo lloro.
Con actitud desafiante ante mi debilidad.
Me observas, me delimitas, me escudriñas. La más dura de mis jueces, la más difícil de ganar.

¿Qué quieres de mi?
¿Es que acaso nada es suficiente?
¿Cuándo podré obtener de ti una sonrisa real, tu alegría completa, tu aceptación total?

Ayauhtli Yetlanezi

lunes, 7 de junio de 2010

Mujer de hábitos

Habitualmente me siento frente a tu recuerdo…, ahora menos que antes.
Conversamos.
Son pocas sus palabras, pero sin duda evoca las risas que un día compartimos. Rememoramos situaciones tristes, alegres y reímos cada vez más por tantos secretos que guardamos o que no eran secretos pero fueron sólo de los dos.

Habitualmente te miro en fotografías, las más actuales dónde pareces ajeno, las de nuestro tiempo dónde te reconozco y la de un tiempo atrás con tu mirada tierna de ese niño que no conocí pero que llegue a ver su ternura a través de tu mirada... y en mi piel recorre un escalofrío que a todos luces grita que te extraño.

Habitualmente me digo que estas bien, que tu silencio no es porque no quieras hablarme si no que no es el momento; me recuerdo la promesa de encontrarnos en un futuro y tomarnos una cerveza o un café para volver a reír como antes y que confío en que la cumpliremos... entonces no desespero...

Pero así, como de manera habitual me tranquilizo, te miro y te recuerdo... habitualmente te escribo para que no olvides que te quiero.

Un beso grande amigo mio.

martes, 2 de febrero de 2010

Doble vida


Enero 2009


Por la mañana abrí los ojos y la visión era borrosa. Lágrimas que me acompañaron durante mi desvelo yacían ahora dormidas, secas en los ojos rojos. El silencio ensordecedor me gritaba tu nombre y que me habías abandonado. Una llamada marcada en el celular que nunca tuvo respuesta, un cuarto vacío con ecos resonando palabras de consuelo, y el latir de mi corazón agrietado que ruega ir tras de ti... en la mesa, el dolor... Empecé con la rutina, traté de sacar fuerzas del aire sin lograrlo, un baño de agua fría, desayuno sin comida, el estómago protesta pero todo sabe a ausencia y con cada trago de café amargo las lágrimas despiertan y recorren nuevamente mi rostro... ¡las ahuyento! Abro la puerta, recorro el camino. Una carretera con baches, desolada y sin ruido. No hay arboles, no hay sol, no hay nada... mis ojos sólo ven el concreto. Mi cuerpo sin alma camina hacia la cotidianidad del mundo sin que nadie advierta que este no es, por nada, un día cotidiano. Me siento frente al computador, escribo tu nombre, te encuentro en el noticiero... ¡es cierto! ¡es real!... es el adiós... no podía creerlo... el alma terminó por desprenderse total y para siempre del cuerpo.... hace un año...


Enero 2010

Por la mañana abrí los ojos y mi vista era borrosa. No hubo lágrimas ni desvelo, mis ojos están secos, pero igual no pueden ver con claridad. El silencio vive conmigo, no me ha abandonado, tomó tu lugar y platico con él..., como si fueras tú... todavía me grita tu nombre. Comienza la rutina, el baño con agua caliente, el café cargado para estimular el cuerpo aún dormido, los pocos alimentos, la vestimenta, el peinado, la vela prendida frente a tu retrato... El dolor ya no está en la mesa; se ha convertido en tu recuerdo que como un niño pequeño se aferra a mi pierna y va a dónde yo voy... esta creciendo. Lo alimento con tus historias, con tus cartas y tu imagen. Lo veo cada día, a mi lado; le tengo miedo pero es lo que me queda de ti y no quiero acabarlo. Abro la puerta, tomo mis cosas y recorro el camino. Escucho música en el carro, la voz de quien está a mi lado, veo el mar, el sol, dibujo la sonrisa. Mi cuerpo es un muñeco que funciona a control.


En otro lado, mi alma ausente y perdida desde tu abandono, vive en un bosque oscuro y espeso. Entre las hojas la luz se filtra para otorgar una iluminación tenue, después de acostumbrados los ojos puedes ver los contornos de todo lo que hay alrededor. En mi mente, no hay sonrisa, no hay sol, no hay mar, no hay calor. Te estoy buscando. No sé si estoy en el lugar correcto por eso cambio de locación de manera ocasional, ocupo todo mi tiempo. En ese mundo, mi alma no descansa, en la oscurdad total busca a tientas, se desespera, visita al cuerpo para dirigir y dar instrucciones, retoma su misión. Su misión es encontrarte, es asegurarse que estés bien, su misión es presentarte a este niño aferrado a mi pierna que nació cuando te fuiste. Lo llame tristeza y le faltas tú... pues los dos sabemos que, algún día, podremos cambiarle el semblante, los dos sabemos que cuando vuelvas podremos cambiarle el nombre.


Linda

viernes, 13 de noviembre de 2009

Plática de sordos


En este mundo tan cambiante y tecnológico constantemente me he visto criticada por mi afición a las computadoras. Que si paso mucho tiempo frente a ella, que platico con gente que se encuentra a kilómetros de distancia, que debería establecer lazos afectivos con gente que esté más cerca. ¡En fin!

Dada la insistencia y cada vez más fuerte reclamo por mi ensimismamiento, no me negué a la oportunidad de conocer gente nueva y platicar un poco con ellos.

… que puedo decir…

La experiencia fue realmente reveladora: me vi en medio de una plática sin sentido. Cada uno de los involucrados dando comentarios de lo que habían hecho en el día, de los problemas que se les presentaron, pidiendo soluciones, pero… ¡sin ninguna respuesta! Una interacción meramente simbólica, mientras que la comida servida disminuía en los platos, cambiando constantemente la temática.

Entristecí… llego a tal grado mi desconcierto cuando dije en voz alta: ¡Me parece estar en una plática con sordos!¡No se escuchan unos a otros!... y...


… que puedo decir…

Hoy estoy aquí, sentada frente a mi computadora,… después de haber jugado un poco y escuchado música, después de haber visto un capitulo de una de mis series preferidas, después de saludar a unos cuantos amigos en el messenger y contestar algunos correos..., contándoles lo extraña que fue mi experiencia... Sé que seré entendida.

(Sin afán de ofender a mis amigos que tienen alguna discapacidad en sus oídos, sé de antemano que ésta no es ningún problema para aprender a escuchar a los demás)

miércoles, 28 de octubre de 2009

Carta a Ehécatl


Querido viento, tengo que iniciar con dos palabras que ya has escuchado antes: te extraño.

Tu susurro en mis oídos era mi aliento, pero hoy ya no me murmuras mas palabras de consuelo, al menos no las escucho.

Hoy te escribo estas letras porque ya no sé si es tan malo que te hayas ido. Mis ojos perciben dolor por donde quiera que mire. Las letras que leo son de injusticias, nuestro México llora más a menudo, nuestra gente vive cada vez más ignominias, cada vez más niños viven en las calles.

Viento, tu ausencia me ha dejado sin fuerzas en una mano. El fuego me mantiene en pie, pues nos alentamos. Eran tus palabras las que me dirigían, hoy me siento perdida… no se qué dirección tomar, no sé qué voces escuchar, no sé qué llantos ignorar.

Viento, tal vez es mejor que no estés aquí… si mi corazón sufre con lo que vivo, ¿que habría sido del tuyo…? mi querido viento tal vez este noviembre estés ocupado pero no olvides visitar la luz roja y morada, te estaremos esperando.

Linda