
Tengo entre las manos vacías el último atisbo del calor de tu mano...
Tengo en hojas sueltas algunas de tus letras escritas en diferentes años...
Tengo las chamarras y sudaderas que me regalabas para protegerme del frío...
Tengo tus palabras de amor, de ternura, de cariño.
Tengo el cuadro de Ixtab hecha a mano que me regalaste,
tengo el trozo de manga dedicada que tuve a bien quitarte.
Tengo una moneda de un peso que pusiste en mi mano diciendo que me daría suerte,
tengo tus palabras de borracho, de tristeza y decepción grabadas en la mente.
Tengo tus preguntas y las conversaciones que nos encantaban,
tengo tu imagen en la prepa, la imagen más reciente
y la imagen terrible que atormenta y siempre vuelve.
Tengo una silla vacía en mi cuarto que mira hacia la ventana,
tengo una tristeza profunda, una soledad que carcome y la ausencia que mata.
Tengo... además de todo... una hermandad acordada...
un corazón en angustia y un amor inmenso suspendido.
Y sin saber que hacer con todo esto... he llegado a la conclusión:
entre tus letras, palabras e imágenes,
entre tu ropa, el dolor y la silla,
entre el recuerdo de conversaciones
y el cuadro de Ixtab que me mira...
He aquí a tu hermana, adquiriendo la personal misión
de cuidar de tu alma, rendirle culto a la imagen
y esperar por nuestra próxima reunión.
