
Enero 2009
Por la mañana abrí los ojos y la visión era borrosa. Lágrimas que me acompañaron durante mi desvelo yacían ahora dormidas, secas en los ojos rojos. El silencio ensordecedor me gritaba tu nombre y que me habías abandonado. Una llamada marcada en el celular que nunca tuvo respuesta, un cuarto vacío con ecos resonando palabras de consuelo, y el latir de mi corazón agrietado que ruega ir tras de ti... en la mesa, el dolor... Empecé con la rutina, traté de sacar fuerzas del aire sin lograrlo, un baño de agua fría, desayuno sin comida, el estómago protesta pero todo sabe a ausencia y con cada trago de café amargo las lágrimas despiertan y recorren nuevamente mi rostro... ¡las ahuyento! Abro la puerta, recorro el camino. Una carretera con baches, desolada y sin ruido. No hay arboles, no hay sol, no hay nada... mis ojos sólo ven el concreto. Mi cuerpo sin alma camina hacia la cotidianidad del mundo sin que nadie advierta que este no es, por nada, un día cotidiano. Me siento frente al computador, escribo tu nombre, te encuentro en el noticiero... ¡es cierto! ¡es real!... es el adiós... no podía creerlo... el alma terminó por desprenderse total y para siempre del cuerpo.... hace un año...
Enero 2010
Por la mañana abrí los ojos y mi vista era borrosa. No hubo lágrimas ni desvelo, mis ojos están secos, pero igual no pueden ver con claridad. El silencio vive conmigo, no me ha abandonado, tomó tu lugar y platico con él..., como si fueras tú... todavía me grita tu nombre. Comienza la rutina, el baño con agua caliente, el café cargado para estimular el cuerpo aún dormido, los pocos alimentos, la vestimenta, el peinado, la vela prendida frente a tu retrato... El dolor ya no está en la mesa; se ha convertido en tu recuerdo que como un niño pequeño se aferra a mi pierna y va a dónde yo voy... esta creciendo. Lo alimento con tus historias, con tus cartas y tu imagen. Lo veo cada día, a mi lado; le tengo miedo pero es lo que me queda de ti y no quiero acabarlo. Abro la puerta, tomo mis cosas y recorro el camino. Escucho música en el carro, la voz de quien está a mi lado, veo el mar, el sol, dibujo la sonrisa. Mi cuerpo es un muñeco que funciona a control.
En otro lado, mi alma ausente y perdida desde tu abandono, vive en un bosque oscuro y espeso. Entre las hojas la luz se filtra para otorgar una iluminación tenue, después de acostumbrados los ojos puedes ver los contornos de todo lo que hay alrededor. En mi mente, no hay sonrisa, no hay sol, no hay mar, no hay calor. Te estoy buscando. No sé si estoy en el lugar correcto por eso cambio de locación de manera ocasional, ocupo todo mi tiempo. En ese mundo, mi alma no descansa, en la oscurdad total busca a tientas, se desespera, visita al cuerpo para dirigir y dar instrucciones, retoma su misión. Su misión es encontrarte, es asegurarse que estés bien, su misión es presentarte a este niño aferrado a mi pierna que nació cuando te fuiste. Lo llame tristeza y le faltas tú... pues los dos sabemos que, algún día, podremos cambiarle el semblante, los dos sabemos que cuando vuelvas podremos cambiarle el nombre.
Linda